#DesdeMiTablet | ¡A mi Colombia querida!

desde mi table marupardo integrate newsMaría Eugenia Pardo

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Yo vengo de una familia venezolana muy ligada a Colombia, no solo porque mi Abuelo materno nació en Barranca Bermeja – donde tengo familia muy querida y recordada, sino porque mi Mamá fue educada durante toda su escolaridad en el Colegio “Sagrado Corazón de Jesús” de las Hermanas Bethlemitas, ubicado en Pamplona.

Entre mis 10 y 14 años, estuve al cuidado de una nana colombiana. Nelcy Edith, se llama ella, con quien aprendí tradiciones y palabras que me hicieron crecer sintiendo que no había frontera que separara ambas naciones. Así las cosas, gracias a los recuerdos de mi Mami y a las manos dedicadas de Edith, en mi casa se merendaba al mejor estilo de “Las Onces” y comíamos  almojábanas y pandebono con chocolate caliente (bueno, Toddy venezolano) y los adultos, tomaban un buen tinto. A los tostones de plátano verde les decíamos patacones, a la parchita, maracuyá y sabíamos que compartíamos hasta a la Virgen de la Chinita, porque era Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Patrona de Colombia.

Qué bello era escuchar a mi Mami cantando su Himno Nacional “¡Oh gloria inmarcesible!, ¡Oh júbilo inmortal! ¡En surcos de dolores… el bien germina ya…!”, mientras veíamos juegos de fútbol, en las olimpíadas o en los panamericanos. Sin contar que cuando conocí a mi Tía Eva, quien viajó desde Barranca Bermeja a principios de los 80’s buscando a su sobrina “La Doctora”, tuve a la mejor embajadora del hermano país en mi casa por mucho tiempo. Y con ella sí que conocí un poco de la historia, las costumbres y los recuerdos de la tierra de mi Abuelo.

Este relato puede ser contado por cualquier miembro de cualquier familia venezolana, sobretodo si proviene de la región Andina del país. Por ello, estoy poco más que consternada y absolutamente indignada con la inexcusable situación que ha generado el gobierno de Nicolás Maduro en la frontera colombo-venezolana, al implementar la mal llamada Operación “Liberación del Pueblo” mediante la cual ha expulsado a más de un millar de hermanos colombianos que vivían del lado de la frontera venezolana.

Las fotografías del “operativo militar” sin precedentes en la historia venezolana – implementado por tres mil soldados – son dantescas. Ver cómo familias enteras, con niños y enseres en brazos cruzan los puestos fronterizos entre San Antonio del Táchira (Venezuela) y Cúcuta (Colombia) es muy triste. No hay razón para que un ser humano sea tratado con tanta crueldad y ventajismo. No puede haber alegato político, económico, inmigratorio, logístico o electoral que justifique la barbarie de la frontera y la violación a los Derechos Humanos de las personas que allí viven.

#JuntosSomosMas

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