#RelatosDeUnaMadreExtranjera | Mamografía, en Inglés

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Por Ingrid Chalita Moreno.

Emigrar es como un divorcio, les juro que no exagero: No importa bajo que circunstancias decidiste dar por terminado ese proyecto de vida con quien compartías tu cama, siempre en algún momento, tus recuerdos te llevarán a algún hecho o circunstancia que vivieras junto a esa persona. Igual pasa con nosotros los extranjeros y las cosas que dejamos atrás.

Seguramente también lo has sufrido en carne propia, porque donde más se me refleja esta analogía, es en las visitas al médico. Los latinoamericanos, estamos acostumbrados a que el médico es más que un profesional que nos preta un servicio. Es un amigo, un casi familia, un depósito de los “ayayays” y la solución a veces mágica, a ellos.

A mi me tomó 9 años para cortar el vinculo con mis médicos en Venezuela e iniciar mis chequeos anuales aquí, en la ciudad donde nunca pasa nada. Antes, cuando se podía, una vez al año me echaba una canita al aire y visitaba Caracas en plan médico. Pero ahora que ir a Caracas es más caro que ir a París no me quedó de otra que “hacer mi appointment”.

El primer paso que di fue hacerme esa antipática foto blanco y negro anual que todas detestamos y que, después de cierta edad, nos vemos en la necesidad de incluirla en uno de esos muchos “una vez al año” que tenemos en nuestras vida.

Mi terror a las mamografías y lo temprano en edad que me las comenzaron a practicar, es debido en principio, a mi historial de cáncer familiar. Pero en realidad es porque tengo lo que llaman “tejido denso en las mamas”. A decir verdad, todos los que me conocen saben yo, por ratos, soy densa en exceso. Pero cuando de las mamas se trata, tenerlas así en este país es un tema intenso, quizás por ser en inglés.

Dios, ¡Cómo extraño a mi amiga Mariela Salazar, la radiólogo que me las practicaba desde mis 34 años allá en Caracas!. Sólo con su sonrisa hacía más amable ese momento frío y desagradable. No sé si por ser ella, yo nunca salí del odioso retrato mallugada y adolorida como salí del de aqui y les debo confesar también, que aquí me puse a encomendar a los radiólogos a todos los Santos para que  acertaran en el diagnóstico, porque a pesar de la vasta literatura que genera el gremio médico… se escucha cada cosa que asusta.

Ingrid Chalita relatosdeunamadre@gmail.com

Ingrid Chalita
relatosdeunamadre@gmail.com

Les cuento. La primera vez que me la hice en inglés, me llamaron para repetirmela sin mayores explicaciones. De broma y terminé en el ER por el susto.

Como si fuera poco, estando en el centro de cáncer, me practicaron el retrato dos veces más. Yo, hija de médico a quien le sobraban hombros y doctores en mi Caracas, me quedé sin muchos argumentos entre el susto y la falta de vocabulario (y sin la sonrisa y calidez del trato de Mariela).

Finalmente todo salió bien. Los radiólogos despejaron sus densas dudas sobre mi denso tejido mamario, (que estaba como que si le hubiesen pasado un camión 350 por encima) y con pañuelito en mano, les escuché decirme que esperara a que mi médico me contactara, pero que  todo estaba normal.

Dias después, tratando de digerir los hechos, concluí que mis exámenes por aquí -hasta que me encuentre con un médico con el trópico  tatuado en el alma- serán como esos momentos que no puedes ni debes evadir en tu vida. Momentos a los que debes ir con sonrisa en labios y con la esperanza de que te reciban con un “Buenos días” o “Buenas tardes” cálido, en espanol y nada técnico. Pero sea lo que sea, hay que hacerse la mamografía. No importa el idioma, no importa el frío, no importa nada más que preservar tu salud. Ya yo tengo mi cita para mediados de Octubre. ¿Y tu?.

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