#SiSePuede | Venezuela… Un país que no se rinde

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Miami, FL.- Hay un artículo escrito ya hace bastante tiempo por Miguel Ángel Landa, el cual cada vez que leo me sacude hasta la fibra más interna de mi corazón. Quizás porque al estar lejos de mi Venezuela querida, he aprendido a valorarla y a quererla, creo que más que cuando vivía en ella.

Les comparto un extracto del mismo:

“Lo confieso: no tengo idea en dónde estoy ni para dónde voy. Las que fueron mis referencias para ubicarme en Venezuela han desaparecido. Es como volar en la niebla sin radio y sin instrumentos.

A lo largo de mi vida recorrí casi todo el país, lo sentí, lo incorporé a mí ser, me hice parte de él. Hoy no lo reconozco, no lo encuentro. El extranjero soy yo. Nos cambiaron la comida, los olores de nuestra tierra, los recuerdos, los sonidos, las costumbres sociales, los nombres de las cosas, los horarios, nuestras palabras, nuestras caras y expresiones, nuestros chistes, nuestra forma de vivir el amor, la parranda, o la amistad. Forzosamente nuestro cerebro y nuestro metabolismo se fueron al c*rajo, ese ignoto lugar carente de coordenadas”.

…y así continúa.

Al terminar de leerlo, me hice la misma pregunta… ¿A dónde se fue mi país?, y tristemente admito que no hallé la respuesta. Entonces me pregunté: ¿Qué te han hecho mi Venezuela?… Para inmediatamente entender que me hacía la pregunta incorrecta y más bien debía pedirle perdón y preguntar: ¿Qué te hemos hecho, Venezuela? ¿Cómo permitimos que nos quitaran lo más valioso que tenía el venezolano: la unión entre su gente? Aunque esa esencia sigue ahí, latiendo en el corazón de muchos, la supervivencia y la angustia del día a día pesan más.

Después me hice la siguiente pregunta: ¿Es que acaso en alguna parte del camino, nos dimos por vencidos y nos conformamos con vivir de “migajas”?, ¿qué tan baja está nuestra autoestima como para creernos merecedores de tal desgracia?

Si en estos momentos se me concediera un deseo para mi país, yo solo pediría: Venezuela, por favor, ¡rebélate, toma las armas y sublévate!

Pero no hablo de pistolas, ni fusiles. Hablo de usar la mejor arma que tiene un pueblo para protegerse de la injusticia y la supremacía que otros, por ostentar el poder, se han otorgado, haciéndonos creer que tienen el derecho de decirnos cómo debemos pensar, cómo debemos vivir, en qué debemos creer, peor aún, qué podemos o no comer, e incluso hasta dónde podemos soñar. El arma a la que yo me refiero es el conocimiento.

Aquel que se obtiene cuando optamos por no dejar que nadie nos diga cómo debemos pensar, y nos permitimos la libertad de pensar por cuenta propia, en función del bien común y no de una ideología política.

Es el conocimiento que ganamos al reconocer que en cada uno reside la posibilidad de construir nuestro destino. Es saber que el cambio empieza por cada uno y que tenemos el deber de asumir la responsabilidad por la realidad que nuestras acciones crean a nuestro alrededor.

Es el conocimiento que nos empodera y nos da la autoridad que tenemos de exigir que se respeten nuestros derechos y de que el gobierno que hemos elegido para que administre los bienes del país, lo haga bien, porque al final de cuentas trabaja para nosotros.

Por eso te pido…Venezuela, ¡rebélate! Porque tu rebeldía será la fuerza que impulsará el verdadero cambio para nuestra tierra y para ti. No te conformes con menos, porque simplemente mereces lo mejor.

Glenda Travieso autora b&W

Glenda Travieso

Especialista en Bienestar Emocional y Trastornos del ánimo

www.glendatravieso.com

@gatravieso

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